6.1.15

Dura vuelta a la realidad.

Siempre me he considerado una hija "rebelde", al menos si me comparo con mis hermanas soy la que más desviada del buen camino ha ido desde que tengo memoria. Claro que si me comparo con muchas otras personas soy la perfecta hija modelo. 
El caso es que el día que tuve que marcharme de casa, salí queriendo comerme el mundo. Salí con ganas de perder de vista todo aquello con lo que había convivido 18 años y con muy pocas ganas de volver. Al principio volvía cada fin de semana porque aunque me quisiese hacer la dura había más de un motivo por el que volver. Pero conforme fueron pasando las semanas y después los meses vi que lo mio era el salseo, que no quería seguir yendo a casa porque lo que siempre había querido era desaparecer de allí. Y que no se malinterprete, que yo, como todos, a mis padres los quiero más que a mi vida, pero todos hemos sido y muchos seguimos siendo o considerándonos, adolescentes. Así que llegó el viernes que dije, mamá, papá, este fin de semana no voy, y detrás de ese fueron otros tantos. Total, que me pasaba meses sin pisar mi casa hasta que me echaban de la residencia porque en navidad y semana santa estaba cerrada y no me quedaba otra que volver. Volvía de mala leche, porque en casa siempre estaba mucho más controlada que en Zaragoza y cuando pasas de volar a que te vuelvan a atar pues a mi me cabrea. Y como siempre estaba de morros y discutiendo nunca quería volver.

Y así han pasado dos años y medio, de puro despendole, eso si, responsablemente que a pesar de todo estudiosa sigo siendo. Y de repente, no sé por qué, estoy triste.
Estoy triste porque me he pasado las navidades encerrada en casa - voy a crear una plataforma en contra de los exámenes de Enero y Febrero, tenemos derecho disfrutar de las navidades - y no he discutido, ni una sola vez, con mi mamá y mi papá. ¿Qué ha pasado?
¿Me he hecho mayor? 

He llegado a Zaragoza hace unas horas, he deshecho la maleta, he recogido la casa y he sacado los apuntes para ponerme a estudiar. Y en la segunda línea he tenido que parar porque tengo una sensación de vacío que no había tenido nunca y la verdad es que no me gusta nada. Sé que en unas horas y si no mañana en cuanto me levante se me habrá pasado, pero por qué ahora, después de tantas veces de ir y venir, estoy así. No entiendo nada.

Echo de menos mi casa, echo de menos a mis padres, echo de menos a mi niña pequeña, echo de menos a mi yaya, echo mucho de menos y yo nunca nunca he sido una ñoña. Así que supongo que esto es lo que siente la gente cuando vuelve del pueblo y se enfrenta a la dura realidad. Cuando me hablan de la depresión post fiestas, post vacacional o post lo que sea siempre pienso que la gente exagera, pero ahora me doy cuenta de que no, de que de verdad te sientes vacío o raro o como se pueda definir esto. Es una puta mierda. No sé si es porque ya no tengo tantas ganas de ir por ahí haciendo el loco y me estoy haciendo mayor o porque lo que viene ahora va a ser duro no, lo siguiente. 

Espero que vuestra vuelta a la realidad no se parezca a la mía o que por lo menos sea más suavecita. Si se parece a la mía, muchos ánimos y mucha fuerza. Y a los que se os vienen encima todos los exámenes, ¡¡muchísima suerte!! ¡Qué haya merecido la pena no salir a fuego en navidad!


Con muchísimo amor,
-A.


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